domingo, marzo 08, 2009

REVIEW: WATCHMEN




¡Bienvenidos de nuevo, PulpoManíacos! La adapatción de uno de los cómics más importantes e influyentes de la historia ya ha llegado, ¡Watchmen está aquí!


¿Habrá valido la pena la espera? Pues para que lo tengais más claro (o no), os dejamos nada más y nada menos que con dos reviews para que os hagáis una idea.


Disfrutad.


Review Watchmen


Sería un mentiroso si negara que la última década ha sido sin duda la época dorada de las adaptaciones de cómics a la gran pantalla, desde las obras más indies y desconocidas a grandes iconos populares que llevan entre nosotros más de 60 años. Dicho esto, los amantes de los cómics siempre hemos tenido un par de obras maestras indiscutibles que son las candidatas perfectas a convertirse en la Ciudadano Kane de las películas sobre arte secuencial, y esas eran Dark Knight Returns de Frank Miller y Watchmen de Alan Moore. Por supuesto, la primera que nombro aún no se ha realizado y es bastante difícil que se termine haciendo debido al tipo de aproximación que se está dando del personaje y sobretodo por el hecho de que un Batman sexagenario no es que fuese el tipo de cosa que los niños van buscando al cine. Pero Watchmen, bueno, eso es otra cosa.

Watchmen siempre ha sido El Quijote de las novelas gráficas, no sólo por su importancia en el medio y por el tipo de crítica social que se destila en la historia, si no también por su extensión. Eso, y la increíble profundidad en temas, narrativa y detalles que provocan esta titánica extensión de 468 páginas hacen que plantearse un guión que quepa en menos de 180 hojas ya da dolor de cabeza. No en vano, ya intentaron cineastas como Terry Gillian, Joel Silver o Paul Greengrass llevar la gran epopeya superheroica de Moore a la pantalla grande sólo para acabar de acuerdo con su misántropo y bizarro creador: Watchmen es infilmable.

Pero estamos en el año 2009, y un joven y cuasi desconocido director de cine surgido del mundo de los spots publicitarios y los videoclips, con un éxito basado en un cómic a sus espaldas (300 de Miller), ha estrenado por fin algo que muchos veían imposible. Sólo con ello, ha sido capaz de desafiar al propio Moore a la hora de demostrar que sí, que se podía rodar una película sobre esa magna obra que es Watchmen. La cuestión es entonces, ¿llega a las altas cotas que la novela gráfica lleva coronando desde hace más de 20 años? Voy a ser claro, la respuesta es un enfático no.

He de reconocer, que tenía grandes dudas y temores desde que se le encomendó (o encabezonó) a Zack Snyder el hacer la película. Los trajes que fue enseñando en un principio me parecían demasiado modernos para una historia basada en 1985, los actores escogidos iban desde lo inspirado a lo patético y muchos eran demasiado jóvenes, y por si fuera poco, aborrecí El Amanecer de los Muertos y me sentí profundamente decepcionado con 300. Pero aún así mantuve algo de esperanza, más que nada porque quería ver una película sobre Watchmen, dijera Moore lo que dijera, y luego porque después de todo Snyder tenía un buen sentido para el lado visual que podría hacer que la película diera un paso más allá del cómic. Quizás hasta fuera la película que hiciera madurar a Snyder y convertirlo en uno de estos nuevos cineastas que han surgido y que tanto adoro como Guillermo del Toro, Christopher Nolan o Sam Raimi. Tristemente no es así.

Snyder, aún teniendo algo de vista para el lado visual como he dicho antes, carece de la sensibilidad de los directores que he señalado arriba, y su formación como director está lejos de cimentarse viendo lo visto en la película. Watchmen es muy irregular debido a esto, y el film gasta sus casi tres horas en recordárnoslo. Los primeros 15 minutos ya son un buen ejemplo de ello, con una escena de acción cuyo estilo copia descaradamente lo que los hermanos Wachowski hicieron con Matrix, incluyendo sonidos de golpes exagerados y personas capaces de romper trozos de pared de un puñetazo, solo que con la diferencia de que el contexto de la historia no lo pide en absoluto; después continua con unos títulos de crédito que condensan deliciosamente y al ritmo de la canción Times Are A Changing toda la historia anterior a la que nos ocupa en la película. Bien, pues toda la película está llena de esto.

La mayoría de las escenas llevan de forma más que acertada las viñetas del film a la pantalla, hasta el punto que uno vuelve a sentir ese cosquilleo que recorría el estómago cuando se aprecia por primera vez esa fidedigna adaptación que es Sin City, sobretodo con la ayuda de Rorschach, el personaje que todo el mundo va a acabar amando al salir de la sala. Pero luego, y al igual que en 300, Snyder mete mano y por supuesto cree que hay cosas que son mejores adaptar, cambiar o simplemente borrar, y no digo que en ocasiones razón no le falte, pero hay momentos que los personajes te piden y que nunca alcanzan y explicaciones que necesitas y que nunca llegan. Aunque eso no es lo peor. Lo peor es cuando, aún intentando realizar una película que exuda noir y thriller por los cuatro costados, uno obvia ciertas cuestiones de estilo y se mete a hacer esas horrendas coreografías de lucha con esa banda sonora Techno Rave que no pega ni con cola, sólo para hacer que la película sea más “espectacular”.

Hablando por cierto de la música, uno no podía estar más contento de que hayan escogido grandes temas de la década de los 80 para incluir en el film, pero lo cierto es que el criterio para incluirlas en las escenas es deplorable y ridículo en la mayoría de los casos. Aunque puede haber algunos casos en los que la elección ha sido acertada como la comentada en los títulos de créditos o como la de Simon & Garfunkel para el funeral, lo normal es que las canciones estén “ahí” sin ningún motivo aparente, como la de Ninety Nine Balloons cuando Laurie se decepciona con Jon y decide irse a cenar con Dan. Y después están los casos que no es que no peguen, es que estropean, como la elección de The Wachtower de Hendrix que rompe el momentum de la traca final del film cuando los héroes van a enfrentarse con su destino y lo hace menos dramático, o por supuesto el flamante caso del Halleluja en la peor escena de sexo que he visto en mis más de 20 años de experiencia como espectador. Si querían hacerla más ochentena haciendo que se pareciera a una película porno de Ron Jeremy o John Holmes lo han conseguido. De vergüenza ajena. Luego tenemos el score compuesto por Tyler Bates, que sigue con Snyder desde 300, y que si con los espartanos copió la música de Titus y Gladiator a dos manos, aquí va desde la “inspiración” descarada de Vangelis en Blade Runner o del estilo de John Carpenter mezclando a veces, como no, el Techno más hardcore. Si alguien esperaba una banda sonora a la altura de los héroes de Watchmen, va a salir decepcionado.

Por encima de la música, la dirección de Snyder deja muchas veces que desear. Si bien ya he comentado que hay algunas escenas que son clavaditas a las que vemos en el cómic y que destilan un buen hacer en planificación, lo cierto es que los actores, o más bien su actuación, no dan la talla. Ya sea porque los actores no son buenos per se para el papel o porque les faltaban algunas indicaciones, lo cierto es que Snyder parece no importarle demasiado. Hay momentos en los que uno incluso llega a dudar de lo que cuenta la escena, como en el trágico accidente que transforma a Jon en el Dr. Manhattan, en el que observamos como su novia, en lugar de mostrarse aterrada porque no quiere ver morir a su amado, parece que le ha hecho una encerrona para pegársela con su mejor amigo. Por supuesto los que hayan leído el cómic verán lo que tienen que ver, pero para alguien que no ha leído la obra de Moore, es un momento bastante desconcertante. Otra gran pega por mi parte es que nunca hay una sensación de precipitación, de que las cosas se estén derrumbando, por lo que no está ese pensamiento fatalista flotando en el aire. De hecho, cuando por el último tercio de la película los personajes empiezan a darse cuenta de que "las bombas van a caer", parece que lo hacen más para que el espectador no se olvide que porque realmente les afecte a ellos. ¿Y a qué viene que Espectro y Búho Nocturno se pongan a matar a gente en el callejón cuando Rorschach no para de llamarles blandos porque son unos boyscouts? Inverosimilitudes como ésta sólo perjudican a la película.

Pero hay algo que degrada más la película que todos estos pequeños fallos, y es la supresión de los detalles que hacían a la novela algo único, algo que termina desembocando en un cambio del final original para que la trama sea más comprensible. En la obra de Moore (y aquí vienen los SPOILERS) el final con el tan comentado “calamar” psíquico extraterrestre de Ozzymandias era algo con lo que el lector, al encontrárselo, entraba en estado de shock. Era algo tan rebuscado, tan estéticamente bizarro, que se efecto en la mente era devastador, al igual que en los supervivientes a su atroz ataque en la novela. Su singularidad era tan señalada que era imposible de olvidar, además de que definía a la perfección a alguien tan inteligente pero tan artificioso como Ozzymandias. En la película, esto se ha cambiado por lo más obvio, que era que la humanidad creyera que el superhombre que ellos mismos habían creado se volviera contra ellos como un dios enfurecido para forzar la paz. En lugar de unirse contra el invasor y aunar fuerzas como ocurre en la historia original, ahora los hombres son niños que ahora temen que el papá alcohólico se despierte. (fin del SPOILER).

El final, lejos de ser algo único y aplastante se convierte en algo mucho más lógico y por lo tanto más esperable. El resultado: ninguna de las personas que no hubiera leído la obra es fascinada por el final, y aquellos que sí la hemos leído vemos el cambio como una degradación de lo que es en realidad. Y eso es lo que se me queda al final en la mente al salir del cine, pues era imposible explicar toda la subtrama de la creación del “calamar” en el tiempo de una película, pero también por esa carencia y por la de otras muchas más, la película se convierte en una taxidermia de la obra original, ya que pierde vida al robarle esos detalles y tramas más profundos y esos momentos más impactantes.

Watchmen no es una película desastrosa, ni tampoco es la obra maestra que muchos fanáticos quieren hacer creer a los demás (y a ellos mismos), si no que se trata de una película decente llena de momentos irregulares. Por eso mismo, podríamos decir que Zack Snyder ha conseguido crear una adaptación aceptable, pero pensando que es una traslación de uno de los mejores cómics que se han escrito en la historia, el resultado es decepcionante, y eso hace que al compararla con la obra maestra que la ha parido, la película acabe haciéndose añicos al igual que el castillo de engranajes de cristal del Dr. Manhattan.

Riptor:


Lo que se ha convertido por la fuerza en el primer gran estreno del año, generando más expectación en el público que Benjamín Button y Slumdog Millonaire, ha sucedido por fin. Ya está, hemos visto Watchmen, la adaptación al cine de “la mejor novela gráfica de la historia” y no somos ahora más felices ni nos sentimos realizados.



Las adaptaciones son siempre un terreno escabroso, y más aún si se trata de una obra considerada “la mejor” en cualquier categoría. Por eso, aunque era obvio que ésta novela gráfica terminaría saltando al cine, la curiosidad y las reticencias luchaban en mi cabeza antes y durante la proyección. Esto tampoco es nada bueno para ir a ver una película, pues lo justo es evaluarla en sí misma. Pero como eso Zack Snyder tampoco lo sabe, pues estamos bien. Esto ha llevado al “visionario” a coger la dura radiografía del fascismo americano y de la condición humana en general que hizo hace veinte años Alan Moore, y destilar un producto puramente formal y estético, inundado de guiños al cómic para interesados y fanáticos por igual. Las obsesivas referencias a la obra original hacen que quienes la han leído disfruten recordando cada detalle, y completando con su memoria lo que falte, distrayendo así de la falta de fuerza real de la película.



Por supuesto que es imposible hacer una traslación íntegra, y de hecho la película sufriría mucho los cambios de ritmo, además de ser mucho más larga. Por ello, las pequeñas tramas de personajes “no heróicos” que rodean a los protagonistas se han amputado tal cual, pero sin sustituirlas por otro tipo de datos, así que su función de retratar la actitud de la gente y la situación global desaparece, y se pierde el referente de la realidad en el mundo. Por otro lado, y como ya hiciera en 300, se añade una trama política, para rentabilizar el actor que interpreta a Nixon (terroríficamente caracterizado, por cierto, es una adaptación de un cómic serio, no de la revista “El Jueves”).



Los actores están muy bien escogidos, salvo quizás Adrian Veidt, que parece un niñato flacucio. Probablemente alguien con más porte y presencia, (y una cara más curtida, como de pasarse el día pensando) como Simon Baker (El Mentalista) o Aaron Eckhart (por decir actores rubios). Por otro lado, me parece un desperdicio el uso que se hace de Carla Gugino, pero esto ya es una opinión irrelevante.



El tema de las cámaras lentas merece un párrafo propio. Como otros recursos visuales, terminas acostumbrándote y cada vez molestan menos, pero eso no hace el abuso menos malo. Aquí, utilizar la misma cámara lenta para peleas de Kung Fu (¿todo el mundo hace Kung Fu en los 80? ¿tanto éxito tenía la serie?), saltar por los tejados, destruir un tanque sin tocarlo y pasear por la calle, termina anulando su sentido. Y hace más larga una película que ya lo es bastante.



Por otro lado, tal vez la crudeza de lo que se pretende contar la habrían transmitido mejor otros directores de acción como Martin Campbell (Casino Royale) o Paul Greengrass (El caso Bourne), que ya se había interesado por el proyecto hace años. Casi seguro que la habrían hecho más fiel que otros realizadores con mucha más personalidad como Aronofsky o Terry Gilliam, lo cual no tiene por qué ser lo mejor. Pero esta es la que tenemos y hay que quererla.

Snyder sí que se ha tomado mucha libertad en el final, tal vez por hacerlo más apto para un público más generalista (un público que no ira a ver la película a priori), entrega el mensaje de forma mucho más lacia y olvidable que la obra original, donde el surrealismo de los acontecimientos te obliga a dar las consecuencias por coherentes. Aquí, el giro de la política mundial se convierte en estúpido, con Nixon diciendo al mundo que ahora que lo piensa mejor igual las armas nucleares no son tan buenas.



La impresión final, desde la incapacidad de separar la película de la novela, es que es una adaptación muy válida, que incluso podría satisfacer las ganas de volver sobre los personajes de vez en cuando, sin la necesidad de cargar el tomo de 3 kg., pero que en modo alguno sustituye el profundo análisis sociopolítico de la obra original.



Aún así, queda pendiente la versión extendida, donde imagino que queden solventados algunos de estos problemas en los 40 minutos añadidos. O tal vez sólo sea paja que han hecho muy bien en eliminar, como ocurre otras veces.


Ceballos:

4 comentarios:

alex dijo...

bastante de acuerdo con sus opiniones señores críticos, ciertamente no es un aborto contra la naturaleza pero no roza ni de lejos el espíritu ni el mensaje de la novela.
visualmente chula musicalmente imperdonable.
tengo curiosidad de ver si el señor Snyder se anima con algo no adaptado o versionado, que ya van tres.

Toujimon dijo...

Muy buen comentario, señores. Me encanta lo que leo por aquí.

Por mi parte salí bastante contento con la peli, ya que de todas formas ya tenía asumido que jamás alcanzará al comic.

Seguid así, campeones.

Kike dijo...

Pues a mi me ha parecido un coñazo supremo.

Riptor dijo...

Desde luego no es una gran película, pero basándose en una historia tan excelente como es la del cómic, es normal que tenga algunos buenos momentos. Después de todo Rorschach sigue siendo Rorschach y el Dr. Manhattan sigue siendo el Dr. Manhattan, aunque el ritmo de los cómics es imposible d trasladar a la gran pantalla. De ahí que uno se pueda aburrir...